Soy mujer, consumo fármacos

¿Supone el hecho de ser mujer alguna diferencia a la hora de usar fármacos?

Empecemos por el final: se calcula que la probabilidad de efectos secundarios es en las mujeres entre un 50 y 75 % mayor que en los hombres1. Pero ¿se conocen estos datos cuando se comercializa un fármaco?

Es de esperar que las diferencias anatómicas, hormonales y metabólicas entre hombres y mujeres influyan en la respuesta a los medicamentos. Si pensamos en los órganos que intervienen en el metabolismo de las drogas, encontramos diferencias que pueden ser condicionantes: las mujeres tenemos menor acidez gástrica, un metabolismo hepático en general más lento con varias enzimas que operan a diferente velocidad, un metabolismo renal más lento, mayor proporción de grasa corporal y diferente sistema hormonal2.

Cuando un médico receta un medicamento, lo más probable es que este no haya sido probado en mujeres. Los hombres han sido considerados como prototipos poblacionales. Los ensayos clínicos de nuevos fármacos generalmente no incluyen a mujeres, no olvidemos que hace solo 25 años estaba prohibido hacerlo. Hoy día se prefiere no hacerlo alegando los cambios hormonales como una «variable de confusión». No hablemos ya de las mujeres embarazadas, excluidas por «seguridad», cuando sus cambios hormonales las hacen especialmente complejas para el manejo de fármacos. Se obvia que estas hormonas sexuales están implicadas en todos los procesos biológicos3.

Entonces, si la farmacocinética y la farmacodinamia de los agentes farmacéuticos difieren según el sexo, también lo harán los eventos adversos y los resultados del tratamiento.

Si poco sabemos sobre la influencia del sexo en la eficacia de los medicamentos, la complejidad es mayor en la comunidad transexual, donde un mismo individuo tiene hormonas endógenas de un sexo y exógenas de otro.

¿Hay diferencias conocidas?

Citemos algunas diferencias en fármacos de consumo elevado4:

  • Analgésicos: los opiáceos son más eficaces en mujeres, aunque les cuesta más abandonar su consumo. Podría deberse a la variación en la concentración cerebral de glucosa cerebral según el momento del ciclo menstrual.
  • Ansiolíticos e hipnóticos: las benzodiacepinas en la mujer se absorben más rápidamente por la menor acidez gástrica, persisten más tiempo por el metabolismo renal más lento y acceden en mayor concentración al cerebro por su liposolubilidad. Los hipnóticos no benzodiacepínicos, por el metabolismo hepático más lento de la mujer, pueden aumentar el tiempo de somnolencia y provocar «resaca» diurna, aumentando el riesgo de accidentes.
  • Antidepresivos: las mujeres responden mejor a los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS), que son absorbidos más rápidamente por la menor acidez gástrica, lo que también puede aumentar su toxicidad. La grasa cutánea retiene más tiempo estos fármacos. Los tricíclicos, en cambio, son más eficaces y menos tóxicos en los hombres.
  • Los antipsicóticos de primera generación son más eficaces en mujeres a menor dosis.

¿Debería haber fármacos para cada sexo?

En Estados Unidos, el zolpidem se comercializa según el sexo; se vende en frascos con etiquetas rosas (dosis baja) o azules (dosis original).

Sabemos que las enfermedades pueden manifestante de forma diferente según el sexo, se conoce bien en las enfermedades cardiovasculares, en la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y en las espondiloartropatías. Además, las grandes bases de datos revelan que el género sigue siendo un factor de riesgo independiente después de que se hayan tenido en cuenta la etnicidad, la edad, las comorbilidades y los factores de riesgo calificados5.

Conclusiones

Las mujeres de todas las edades tenemos que participar en los ensayos clínicos para evaluar la respuesta a los fármacos.

Debemos avanzar inexorablemente hacia una medicina personalizada que deje a un lado los sesgos de género en investigación y manejo terapéutico6.

Bibliografía

  1. Medicina de género. Jacobson R. Mente y cerebro. [Internet.] 2015;70. Disponible en: https://www.investigacionyciencia.es/files/18787.pdf
  2. Morselli et al. Sex and Gender: Critical Variables In Pre-Clinical and Clinical Medical Research. Cell Metabolism. [Internet.] (16) 30363-1. Disponible en: https://bpspubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/bcp.13923
  3. Cantero M. Sesgos de género en la atención sanitaria. Escuela Andaluza de Salud Pública; 2009.
  4. Regitz-Zagrosek V, Seeland U. Diferencias de sexo y género en medicina clínica. En: Regitz-Zagrosek V. (ed.) Diferencias de sexo y género en farmacología. Manual de Farmacología Experimental. Vol. 214. Berlín, Heidelberg: Springer; 2013.
  5. Glezerman M. Medicina de género. La nueva revolución sexual de la medicina: el papel del sexo en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades. Barcelona: Plataforma Editorial; 2017.
  6. Heidari S, Babor TF, De Castro P, Tort S 4 , Curno M 5. Sexo y equidad de género en la investigación: fundamento de las pautas de SAGER y uso recomendado. Gac Sanit. [Internet.] 2019 marzo-abril; 33(2):203-10. doi: 10.1016/j.gaceta.2018.04.003. Epub 2018 3 de mayo. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.gaceta.2018.04.003

 

Susana Aldecoa Landesa. Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Miembro del Comité Editorial de la Guía Terapéutica en Atención Primaria de la semFYC.

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