El uso de tranquilizantes ante los problemas de la vida. Un ejemplo de medicalización

«Los médicos podemos curar a veces, aliviar a menudo y consolar siempre.»

Adolfhe Gubler

¿Estamos etiquetando los problemas de la vida como enfermedades? ¿Usar tranquilizantes de forma sistemática es la mejor opción para nuestros pacientes? ¿Disponemos de otras estrategias?

La medicalización de la vida

La medicina ocupa un lugar central en la sociedad actual, lo que hace atractiva la idea de «medicalizar» situaciones de la vida cotidiana. La medicalización incluye una gran variedad de manifestaciones: fases normales de los ciclos vitales de la mujer, la vejez, infelicidad, soledad, desamor… Los avances técnicos de la medicina han originado expectativas poco realistas en la sociedad, hasta el punto de que se ha llegado a considerar omnipotente a la ciencia. Algunos de nuestros pacientes nos creen capaces de solucionar cualquier enfermedad o problema, rechazando ver estos como una parte ineludible de la experiencia de vivir.

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Por otra parte, a veces los médicos somos corresponsables de esta situación al colocar «etiquetas de enfermedad» a reacciones normales y esperadas ante situaciones vitales, conflictos escolares, laborales, familiares o duelos. Llamamos trastornos adaptativos, depresión, ansiedad a lo que deberíamos considerar conflictos, o problemas, a aquello a lo que tenemos que enfrentarnos y que nos hace madurar y crecer como personas. Estas etiquetas quitan la responsabilidad a las personas y la transfieren al sistema sanitario.

En una sociedad donde la tecnología parece arreglarlo todo, como médicos nos encontramos con frecuencia con personas a las que solo podemos ayudar o consolar.

El uso masivo de tranquilizantes

Las benzodiacepinas (BZD) son un grupo de fármacos paradigmáticos de la medicalización y la creación de etiquetas de enfermedad. Estos fármacos fueron utilizados durante el año 2012 en nuestro país por el 17% de la población. Estudios posteriores han confirmado que 3 años después casi el 19% de la población las usó, haciéndolo de forma incorrecta (definida como ante una indicación no autorizada o con duración mayor a 4 semanas) en 9 de cada 10 ocasiones. Este consumo es mucho mayor entre mujeres y en población anciana, donde los riesgos superan a los beneficios.

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Prevención cuaternaria

Es en este contexto de medicalización de la vida diaria en el que ha cobrado especial importancia la prevención cuaternaria, que se define como «el conjunto de actuaciones que atenúan o evitan las consecuencias del intervencionismo médico excesivo y de las actividades médicas innecesarias». La prevención cuaternaria ha sido identificada con el «primun non nocere» de los textos clásicos. La labor diaria de una consulta médica está repleta de situaciones en las que los médicos nos planteamos si el beneficio que se va a obtener con una intervención superará al perjuicio que se ocasionará al realizarla. Las BZD son fármacos asociados a reacciones adversas potencialmente graves que además deberían ser utilizadas por períodos no superiores a 4 semanas, a partir de las cuales la eficacia de estos fármacos es muy dudosa. Otro aspecto que hay que tener en cuenta es el potencial beneficio para las personas de afrontar los problemas de la vida, ya que ello las ayuda a madurar y crecer, haciéndolas más fuertes ante futuras dificultades.

Necesitamos un cambio social y de actitud en los profesionales

Los profesionales deberíamos intentar desenmascarar una tendencia de nuestro tiempo, que tiende a medicalizar la vida con una medicina un tanto deshumanizada e hipertecnificada, que pretende reparar personas, en lugar de ayudarlas o apoyarlas como «personas que atienden a otras personas».

La sociedad, por otra parte, debe sensibilizarse de los riesgos asociados al uso masivo de tranquilizantes. Nuestros pacientes necesitan entender que no hay soluciones farmacológicas para todo, que deben asumir el control de su vida y su salud, utilizando otras estrategias que les permitan adaptarse y crecer como personas.

Pero no podemos olvidar que las BZD tienen un efecto sintomático que los pacientes perciben como beneficiosos. Es nuestra función como profesionales facilitar alternativas que les ayuden.

¿Qué podemos ofrecer a nuestros pacientes?

Hasta la fecha ningún ensayo clínico ha demostrado la eficacia del uso de las BZD en los trastornos adaptativos. Una revisión sistemática que está siendo realizada por la colaboración Cochrane puede que arroje luz en este tema, pero mientras tanto se recomiendan como terapia inicial las intervenciones psicológicas breves.

La Guía terapéutica de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) (6ª edición) propone ante estos procesos adaptativos el apoyo psicológico como tratamiento de elección. Es fundamental ayudar a nuestros pacientes a verbalizar su situación, y acompañarlos en los procesos de duelo, para que puedan seguir avanzando, debe ser uno de nuestros objetivos. Aunque ocasionalmente los psicofármacos puedan ayudar de forma temporal, la mayoría de trastornos adaptativos no los necesitan.

La cautela y demora razonable para iniciar un tratamiento con BZD será, en la mayoría de casos, una excelente opción. La comunicación y relación médico- paciente tendrán un papel fundamental. La escucha activa, la empatía y la oferta de otras estrategias alternativas ayudarán a nuestros pacientes a expresarse, y deben formar parte del enfoque inicial que les ofrezcamos.

En la unidad 4 de la Guía práctica de la salud de la semFYC se ofrece información dirigida a los pacientes que podría ser útil como alternativa a las BZD.

En el ámbito de la Medicina de Familia se han realizado diversas experiencias. Nuestro municipio recogió una propuesta del Consejo de Salud y puso en marcha un grupo de trabajo multiprofesional que, mediante una estrategia comunitaria, ofrece herramientas que pueden ser de ayuda en estos pacientes.

Conclusiones

La medicalización de la vida es un proceso que debemos intentar evitar tanto en las consultas como a nivel comunitario. Una primera fase requiere introducir entre la población la cultura de la prevención cuaternaria y los riesgos asociados al uso de fármacos, para posteriormente ofrecer consuelo, apoyo y opciones alternativas, que permitan a las personas resolver los conflictos a los que los enfrenta la vida y hacerlos cada vez más maduros y fuertes ante cualquier adversidad.

Bibliografía

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 [Consultado on line el 12 de agosto de 2016.] Disponible en: http://www.msssi.gob.es/estadEstudios/estadisticas/encuestaNacional/encuestaNac2011/UtilizacionServiciosSanitarios_DistribucionPorcentual.pdf.
  • Menárguez Puche JF, Abenza Campuzano J, Vives Hernández JJ, Castañeda Pérez-Crespo A, Martínez López C, Gil Espallardo Mejorar el uso de benzodiacepinas. Una experiencia comunitaria de desmedicalización. Comunidad. Noviembre 2016;18(3):7.
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Juan Francisco Menárguez Puche. Miembro del Comité Editorial de la Guía terapéutica de la semFYC.

Un pensamiento en “El uso de tranquilizantes ante los problemas de la vida. Un ejemplo de medicalización

  1. Reblogueó esto en Enfermera de Vocacióny comentado:
    “Llamamos trastornos adaptativos, depresión, ansiedad a lo que deberíamos considerar conflictos, o problemas, a aquello a lo que tenemos que enfrentarnos y que nos hace madurar y crecer como personas. Estas etiquetas quitan la responsabilidad a las personas y la transfieren al sistema sanitario”
    No os perdáis este interesante artículo que reflexiona sobre el uso de tranquilizantes antes problemas de la vida, una manera de medicalizarla, responsabilidad de profesionales sanitarios, del usuario y de la sociedad en general que seamos conscientes de este tema que cada vez es más habitual incluso en jóvenes y adolescentes.

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