De lo bueno, lo mejor …

En la conferencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de Nairobi en 1985 se definió que una prescripción de calidad es aquella que pretende que los pacientes reciban la medicación adecuada para sus necesidades clínicas, a las dosis adecuadas, durante un período de tiempo adecuado y con una seguridad y un coste aceptable tanto para ellos como para la comunidad [WHO. Report of the Conference of Experts, Nairobi, 1985. Ginebra, World Health Organization, 1987].

Conseguir una prescripción que se ajuste a este objetivo es una de las tareas esenciales books-xwebde los médicos y constituye, sin duda, un complejo ejercicio de responsabilidad profesional. Para poder cumplir con esta responsabilidad los médicos deben escoger la mejor opción dentro de una oferta amplia de medicamentos. Por poner algun ejemplo, para el tratamiento de la hipertensión arterial (HTA) disponemos de, al menos, nueve grupos terapéuticos distintos. Pero si miramos uno de estos grupos considerados de primera línia como los inhibidores de la enzima conversora de la angiotensina (IECA), disponemos de 11 principios activos diferentes, y si consideramos las presentaciones de uno de ellos, el enalapril, disponemos de unas 23, sin tener en cuenta aquellas que combinan este fármaco con otros antihipertensivos. Pero además esta oferta va creciendo cada día. Entre los años 1923 y 1992 para el tratamiento de la diabetes teníamos tres grupos de antidiabéticos; actualmente tenemos nueve grupos con sus correspondientes principios activos y presentaciones y ya está aprobado un décimo grupo en Estados Unidos, los análogos de la amilina.

Para garantizar una prescripción de calidad, se impone tener unos criterios claros de selección. Como se ha explicado en la presentación de este blog, el método de prescripción razonada de la OMS supone una ayuda. Para poder hacer las comparaciones, necesitamos información contrastada e independiente de otros intereses que no sean el de ofrecer la mejor opción a cada paciente. Para valorar y expresar la eficacia, se han utilizado los grados de recomendación que garantizan, en cierta medida, que las opciones terapéuticas dispongan de alguna evidencia sobre su beneficio para alcanzar unos objetivos terapéuticos previamente definidos. Se puede establecer con relativa facilidad si un determinado fármaco tiene algun estudio en el que se ha mostado eficaz, pero, en algunas ocasiones, nos encontramos con la dificultad de matizar la relevancia clínica de esos resultados, o cuáles son los pacientes que pueden beneficiarse del tratamiento. A pesar de las limitaciones, hoy día contamos con muchos medicamentos de los que disponemos de algun ensayo clínico que ha mostrado su eficacia. En estos casos, son la toxicidad, las cuestiones que facilitan o dificultan el cumplimiento de los tratamientos o el coste del tratamiento los elementos que cobran importancia para, finalmente, seleccionar uno o dos fármacos para cada situación clínica.

Uno de los retos que tenemos, en muchas ocasiones, no es seleccionar un fármaco como tratamiento inicial, sino tener evidencia de cuál es la mejor estratégia a seguir en segundas líneas de tratamiento.

La constante aparición de nuevos fármacos nos obliga a estar siempre pendientes de las novedades y ser sensibles a realizar los ajustes necesarios en las recomendaciones, pero dada la diversidad de intereses, es imprescindible mantener un espíritu crítico para poder asignar un valor a la evidencia científica y saber en qué medida puede aportar algo a nuestros pacientes. Cuando aparece un nuevo medicamento, este se ha utilizado en unos cientos o, como mucho, miles de pacientes, durante meses o algunos pocos años. Por lo tanto, aún nos faltan elementos para poder situarlos en su lugar terapéutico. Una vez comercializado, será utilizado por millones de personas (algunas de las cuales no habrán estado bien representadas en los ensayos clínicos –personas con insuficiencia renal, algunas comorbilidades, toma de otros medicamentos, etc.–) durante un período de tiempo que puede ser de muchos años. Unas de las consignas de la guía en cuanto a la selección de medicamentos es estar a la última, pero recomendar la penúltima. La otra consigna importante es no olvidar que en terapéutica las recomendaciones no farmacológicas también existen y en bastantes problemas de salud pueden ser el tratamiento de elección.

Dolores Rodríguez. Farmacóloga de la Fundació Institut Català de Farmacologia (FICF). Consultora de la Guía terapéutica de la semFYC.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s